Dos máximas: Conócete a ti mismo. Sé tú mismo.

En el hombre antiguo y tradicional también había un margen de indeterminación, pero en él servía apenas para resaltar el lado activo de las dos máximas: “Conócete a ti mismo” y “Sé tu mismo”, que implicaban una acción formadora y de organización interna, hasta la eliminación del margen y a la acción de la unidad completa.

Descubrir precisamente en sí mismo “la dominante” sugerida por su propia forma y de la propia casta, y quererla, o sea, transformarla en un imperativo ético.

Y la verdadera diferencia es la manera como era vivido el objeto o la función. Al modo simplemente material se le opone aquel que actúa sin preocuparse por los frutos, actuando por la acción en sí, haciendo de cada acto sea un rito y una ofrenda. Me recuerda a los monjes del monte Athos, buscando que la oración esté tan integrada, que cada aliento mismo llega a ser un rito y ofrenda. Es el mismo sentido viril de la fides medieval.

El concepto de Dharma, o naturaleza propia, al que se debe ser fiel, proviene de la raíz dr=sostener, levantar o mantener encima, para expresar precisamente el elemento “orden”, “forma” o “cosmos” que la tradición encarna y pone en movimiento frente al caos y al devenir. Esto es el muro de contención contra el mar picado, contra la pura contingencia y temporalidad, permitiendo participar en la estabilidad aun con el mundo cambiante y miserable.

“Es preciso que cada uno sea cada uno, que nuestras acciones sean nuestras, que las acciones de cada uno le pertenezcan, sean ellas cuales fueran”. La idea de que una adecuación perfecta del ser a su función específica conduzca a una participación idéntica en la espiritualidad del todo concebido como un organismo, se encuentra en las mejores tradiciones greco-romanas y fue retomada en la visión orgánica en la civilización germánico-romana de la Edad Media.

“Ni la esperanza falsa, ni el miedo, ni la angustia, ni el gozo, ni el dolor, nada que pueda hacernos salir de nosotros mismos, debe penetrar en nosotros” Y para ello contemplación y acción, sin que sean dos polos separados, convirtiéndose uno u otro en la dominante; cuando están ambos presentes es cuando se alimenta invisiblemente las fuerzas de “centralidad”.

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